los cuales tenían que temer pérdidas y no ganancias, como sucedió después en Vaila,27 donde en una sola batalla perdieron lo que en ochocientos años habían adquirido con tanto esfuerzo. Porque de tales armas las conquistas resultan lentas, muy tardías e insignificantes, pero las pérdidas, repentinas y portentosas.
Y como con estos ejemplos he llegado a Italia, la cual ha sido gobernada durante muchos años por mercenarios, deseo hablar de ellos con mayor profundidad para que, habiendo visto su ascenso y sus progresos, uno esté mejor preparado para contrarrestarlos.
Habéis de saber que el imperio ha sido recientemente repudiado en Italia, que el Papa ha adquirido mayor poder temporal y que Italia ha sido dividida en más Estados, debido a que muchas de las grandes ciudades tomaron las armas contra sus nobles, quienes, antiguamente favorecidos por el emperador, las oprimían, mientras la Iglesia las secundaba para ganar autoridad en el poder temporal; en muchas otras, sus ciudadanos se convirtieron en príncipes.
De esto resultó que Italia cayó en parte en manos de la Iglesia y de las repúblicas; y, consistiendo la Iglesia en sacerdotes y la república en ciudadanos desacostumbrados a las armas, ambas comenzaron a alistar extranjeros.
El primero que dio fama a esta soldadesca fue Alberigo da Conio,28 el Romañolo. De la escuela de este hombre salieron, entre otros, Braccio y Sforza, que en su tiempo fueron los árbitros de Italia. Tras estos vinieron todos los demás capitanes que hasta ahora han dirigido las armas de Italia; y el fin de todo su valor ha sido que ella ha sido invadida por Carlos, saqueada por Luis, asolada por Fernando e insultada por los suizos.
El principio que los ha guiado ha sido, primero, desacreditar a la infantería para aumentar su propia reputación. Hicieron esto porque, al