De modo que toda la partida entró en Sinigalia, desmontó en los aposentos del duque y entró con él en una cámara secreta, donde el duque los hizo prisioneros; luego montó a caballo y dio órdenes de desarmar a los hombres de Oliverotto y de los Orsini.
Los de Oliverotto, que estaban cerca, fueron reducidos rápidamente, pero los de los Orsini y los Vitelli, que se hallaban más lejos y tenían un presentimiento de la destrucción de sus amos, tuvieron tiempo de prepararse y, teniendo en cuenta el valor y la disciplina de las casas de los Orsini y los Vitelli, se unieron contra las fuerzas hostiles del país y se salvaron.
Pero los soldados del duque, no contentos con haber pillado a los hombres de Oliverotto, comenzaron a saquear Sinigalia, y si el duque no hubiera reprimido este ultraje matando a algunos de ellos, la habrían saqueado por completo.
Venida la noche y silenciado el tumulto, el duque se dispuso a matar a Vitellozzo y a Oliverotto; los llevó a una habitación y mandó que los estrangulasen. Ninguno de los dos pronunció palabras acordes con sus vidas pasadas: Vitellozzo suplicó que se le pidiese al papa el pleno perdón de sus pecados; Oliverotto se humilló y echó la culpa de todas las ofensas contra el duque a Vitellozzo.
Pagolo y el duque de Gravina Orsini se mantuvieron con vida hasta que el duque supo desde Roma que el papa había apresado al cardenal Orsini, al arzobispo de Florencia y a Messer Jacopo da Santa Croce. Tras esta noticia, el 18 de enero de 1502, en el castillo de Pieve, ellos también fueron estrangulados de la misma manera.