los cuales, con solo poder salir del agua, podrían combatir; y en este obstinado conflicto eran incitados por sus capitanes. * Castruccio gritaba a sus hombres que estos eran los mismos enemigos a quienes ya antes habían vencido en Serravalle, mientras los florentines se reprochaban mutuamente que los muchos fuesen vencidos por los
A la postre Castruccio, viendo lo que había durado la batalla, y que tanto sus hombres como los del enemigo estaban totalmente exhaustos, y que ambos bandos tenían muchos muertos y heridos, hizo avanzar a otro cuerpo de infantería para tomar posición en la retaguardia de los que estaban luchando; ordenó entonces a estos últimos que abrieran sus filas como si tuvieran intención de retirarse, y que una parte de ellos girara a la derecha y otra a la izquierda.
Esto despejó un espacio del que los florentinos se aprovecharon de inmediato, ganando así la posesión de una parte del campo de batalla. Pero cuando estos soldados cansados se encontraron a corta distancia de las reservas de Castruccio, no pudieron resistirles y retrocedieron de inmediato hacia el río.
La caballería de ambos bandos aún no había obtenido ninguna ventaja decisiva la una sobre la otra, porque Castruccio, consciente de su inferioridad en esta arma, había ordenado a sus capitanes que se limitaran a la defensiva ante los ataques de sus adversarios, ya que esperaba que, una vez vencida la infantería, podría acabar rápidamente con la caballería.
Esto sucedió tal como lo había esperado, pues al ver al ejército florentino rechazado al otro lado del río, ordenó al resto de su infantería que atacara a la caballería enemiga. Estos lo hicieron con lanza y jabalina y, unidos a su propia caballería, cayeron sobre el enemigo con la mayor furia y no tardaron en ponerlo en fuga.