Todo el mundo reconoce cuán loable es que un príncipe mantenga su palabra y viva con integridad y no con astucia. Sin embargo, nuestra experiencia ha demostrado que aquellos príncipes que han hecho grandes cosas han tenido en poco la buena fe, y han sabido cómo engañar el ingenio de los hombres mediante la astucia, y al final han superado a quienes han confiado en su palabra.
Debéis saber que hay dos modos de combatir:38 uno con las leyes, otro con la fuerza; el primero es propio del hombre, el segundo de las bestias; mas como el primero muchas veces no basta, es necesario recurrir al segundo.
Por tanto, a un príncipe le es necesario saber valerse de la bestia y del hombre. Esto ha sido enseñado figuradamente a los príncipes por los antiguos escritores, los cuales describen cómo Aquiles y muchos otros príncipes de la antigüedad fueron entregados al centauro Quirón para que los criara y los educara bajo su disciplina; lo cual no significa otra cosa sino que, por tener un maestro que era medio bestia y medio hombre, un príncipe necesita saber servirse de ambas naturalezas, y que la una sin la otra no es duradera.
Un príncipe, por lo tanto, viéndose obligado a saber usar la bestia, debe elegir entre el zorro y el león; porque el león no se defiende de las trampas y el zorro no se defiende de los lobos.