en llevar a cabo, y en cuya exitosa ejecución nada salvo la muerte habría podido detenerlo. Castruccio estuvo en lo más recio de la batalla durante todo el día; y al término de esta, aunque fatigado y sofocado, se quedó en la puerta de Fucecchio para dar la bienvenida a sus hombres en su regreso de la victoria y agradecerles personalmente. Estaba también atento ante cualquier intento del enemigo por revertir la suerte de la jornada; opinando él que era deber de un buen general ser el primero en montar a caballo y el último en desmontar. Aquí Castruccio quedó expuesto a un viento que suele levantarse al mediodía en las orillas del Arno, y que a menudo es muy insalubre; por esto cogió un catarro, al que no dio importancia, ya que estaba acostumbrado a tales molestias; pero este fue la causa de su muerte. La noche siguiente fue atacado por una fiebre alta, que aumentó tan rápidamente que los médicos vieron que resultaría mortal. Castruccio, por lo tanto, llamó a Pagolo Guinigi y le dirigió las siguientes palabras:
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La vida de Castruccio Castracani de Lucca
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