A la muerte de Francesco, Castruccio se convirtió en gobernador y tutor de Pagolo, lo que aumentó enormemente su poder y posición, y creó cierta envidia hacia él en Lucca en lugar de la anterior buena voluntad general, pues muchos hombres sospechaban que abriga intenciones tiránicas.
Entre ellos, el principal personaje era Giorgio degli Opizi, el jefe del partido güelfo. Este hombre esperaba, tras la muerte de Messer Francesco, convertirse en el hombre más importante de Lucca, pero le parecía que Castruccio, con las grandes cualidades que ya demostraba y ocupando el cargo de gobernador, le arrebataba su oportunidad; por lo tanto, comenzó a sembrar aquellas semillas que debían privar a Castruccio de su eminencia.
Castruccio al principio trató esto con desdén, pero después empezó a alarmarse, pensando que Messer Giorgio podría lograr desacreditarlo ante el representante del rey Roberto de Nápoles y hacer que lo expulsaran de Lucca.
El señor de Pisa por entonces era Uguccione de la Faggiuola de Arezzo, quien, habiendo sido elegido primeramente su capitán, se convirtió después en su señor.
Residían en París algunos gibelinos exiliados de Lucca, con los cuales Castruccio mantuvo comunicaciones con el propósito de lograr su restauración mediante la ayuda de Uguccione. Castruccio también atrajo a sus planes a amigos de Lucca que no toleraban la autoridad de los Opizi.
Habiendo decidido un plan a seguir, Castruccio fortificó con cautela la torre de los Onesti, llenándola de provisiones y municiones de guerra, para que pudiera resistir un sitio durante unos días en caso de necesidad. Cuando llegó la noche acordada con Uguccione, quien había ocupado la llanura entre las montañas y Pisa con muchos hombres, se dio la señal y,