Volvamos á nuestra relacion: que allí tomó Cortés guias y pasó adelante, y fué á otros pueblezuelos que se dicen Cinacan, Tencintle, donde tenian grandes cacaguatales y maizales y algodon, y ántes que á ellos llegasen oyeron tañer atabalejos y trompetillas, haciendo fiestas y borracheras; y por no ser sentido Cortés, estuvo escondido con sus soldados en un monte; y cuando vió que era tiempo de ir á ellos, arremeten todos á una, y prendieron hasta diez indios y quince mujeres, y todos los más indios de aquel pueblo de presto se fueron á tomar sus armas, y vuelven con arcos y flechas y lanzas, y comenzaron á flechar á los nuestros, y Cortés con los suyos fué contra ellos, y acuchillaron ocho indios que eran principales; y como vieron el pleito mal parado y las mujeres tomadas, enviaron cuatro hombres viejos, y los dos eran sacerdotes de ídolos, é vinieron muy mansos á rogar á Cortés que les diese los presos, y trujeron ciertas joyezuelas de oro de poca valía; y Cortés les habló con doña Marina, que iba allí con Juan Jaramillo, su marido, porque Cortés sin ella no podia entender los indios, y les dijo que llevasen el maíz é gallinas y sal y bastimento que allí les señaló, é dió á entender adónde habian quedado los bergantines y el barco y las canoas, y luego les daria los presos; y les dieron á entender en qué parte del rio quedaban, y dijeron que sí harian, y que cerca de allí estaba uno como estero que salia al rio; y luego hicieron barcas, y medio nadando las llevaron hasta que dieron en fondo, que pudieron nadar bien.
Pues como Cortés habia quedado de les dar todos los presos, pareció ser mandó Cortés que se quedasen tres mujeres con sus maridos para hacer pan y servirse de los indios, y no se las dieron; y sobre ello apellídanse todos los indios de aquel pueblo, y sobre las barrancas del rio dan una buena mano de vara, flecha y piedra á Cortés y á sus soldados, de manera que hirieron á Cortés en la cara y á otros doce soldados; allí se les desbarató una barca y se perdió la mitad de lo que traia, y se ahogó un mejicano; y en aquel rio hay tantos moxicotes, que no se podian valer, y Cortés todo lo sufria, y da vuelta para su villa, que no sé cómo se la nombró, y bastécela mucho más de lo que estaba.