Pues ya dadas las provisiones, pareció ser el almirante se detuvo ciertos dias ó no se atrevió á venir, porque no tenia dineros, y ansimismo porque le aconsejaron que mirase la buenaventura de Cortés, que con haber traido Narvaez toda la armada que trajo le desbarató, y que era aventurar su vida y estado, y no saldria con la demanda, especialmente que no hallarian en Cortés ni en ninguno de sus compañeros culpa ninguna, sino mucha lealtad; y demas desto, segun pareció, dijeron á su majestad que era gran cosa dar el almirantazgo de la Nueva-España por pocos servicios que le podria hacer en aquella jornada que le enviaba; é ya que se andaba apercibiendo el almirante para venir á la Nueva-España, alcanzáronlo á saber los procuradores de Cortés y su padre Martin Cortés y un fraile que se decia fray Pedro Melgarejo de Urrea, y como tenian las cartas que les envió Cortés duplicadas, y entendieron por ellas que habia trato doble en el contador Albornoz ó en otras personas que no estaban muy bien con Cortés, todos juntos se fueron luego al duque de Béjar y le dieron relacion de todo lo arriba por mí memorado y le mostraron las cartas de Cortés; y como
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CAPÍTULO CLXXII.
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