Dejemos esto, y digo que desde ahí á pocos dias despues que fué marqués envió á Roma á besar los santos piés de nuestro muy Santo Padre el Papa Clemente; porque Adriano, que hacia por nosotros, ya habia fallecido tres ó cuatro años habia, y envió por su embajador á un hidalgo que se decia Juan de Herrada, y con él envió un rico presente de piedras ricas é joyas de oro, y dos indios maestros de jugar el palo con los piés; y le hizo relacion de su llegada á Castilla y de las tierras que habia ganado, y de los servicios que hizo á Dios primeramente y á nuestro gran Emperador, y le dió toda la relacion por un memorial de las tierras, como son muy grandes y la manera que en ellas hay, y que todos los indios eran idólatras y que se han vuelto cristianos, y otras muchas cosas que convenian decir á nuestro muy Santo Padre; y porque yo no lo alcancé á saber tan por extenso como en la carta iba, lo dejaré aquí de decir, y aun esto que aquí digo, despues lo alcanzamos á saber del mismo Juan de Herrada cuando vino de Roma á la Nueva-España; é supimos que enviaba á suplicar á nuestro muy Santo Padre que se quitasen parte de los diezmos.
Y para que bien entiendan los curiosos lectores quién es este Juan de Herrada, fué un buen soldado que hubo ido en nuestra compañía á las Honduras cuando fué Cortés; y despues que vino de Roma fué al Pirú, y le dejó D. Diego de Almagro por ayo de su hijo D. Diego el mozo; y este fué tan privado de D. Diego de Almagro, é fué el capitan de los que mataron á don Francisco Pizarro el viejo, y despues maese de campo de Almagro el mozo.
Volvamos á decir lo que le aconteció en Roma al Juan de Herrada, que despues que fué á besar los santos piés de Su Santidad, y presentó los dones que Cortés le envió y los indios que traian el palo con los piés, Su Santidad lo tuvo en mucho, y dijo que daba gracias á Dios, que en sus tiempos tan grandes tierras se hubiesen descubierto y tantos números de