marcaba el oro que los indios le traian á escondidas, é que no pagaba quinto dello; y tambien dijo que porque viese cuál andaba la cosa en Méjico, que porque un vecino de Guacacualco que vino á aquella ciudad á demandar unos indios que en aquel tiempo vacaron por muerte de otro vecino de los que estaban poblados en la villa, por muy secretamente que dijo el vecino de Guacacualco á una mujer donde posaba, que por qué se habia casado, que ciertamente era vivo su marido y todos los que fueron con Cortés, y dió causas y razones para ello; como lo supo el factor, que luego le fueron con la parlería, envió por él á cuatro alguaciles, y lo llevaron engarrafado á la cárcel, y lo queria mandar ahorcar por revolvedor, hasta que el pobre vecino; que se decia Gonzalo Hernandez, tornó á decir que, como vido llorar á la mujer por su marido, que por la consolar le habia dicho que era vivo, mas que ciertamente todos éramos muertos; y luego le dió los indios que demandaba, y le mandó que no estuviese más en Méjico y que no dijese otra cosa, porque le mandaria ahorcar.
Y más decia en el cabo de su carta, cómo luego de á poco tiempo que habia salido de Méjico Cortés habia muerto el buen Padre fray Bartolomé, que era un santo hombre, y que le habia llorado todo Méjico, y que le habian enterrado con grande pompa en señor Santiago, é que los indios habian estado todo el tiempo desque murió hasta que le enterraron sin comer bocado, é que los Padres franciscos habian predicado á sus honras y enterramiento, y que habian dicho dél que era un santo varon, y que le debia mucho el Emperador, pero más los indios; pues si al Emperador le habia dado aquellos vasallos, como Cortés y los demas conquistadores viejos, á los indios les habia dado el conocimiento de Dios y ganado sus almas para el cielo; é que habia convertido é bautizado más de dos mil y quinientos indios en Nueva-España, que ansí se lo habia dicho el Padre fray Bartolomé de Olmedo algunas veces al tal predicador; é que habia hecho mucha falta fray Bartolomé de Olmedo, porque con su autoridad é santidad componia las disensiones é ruidos, y hacia bien á los pobres; é luego decia Zuazo que todo en Méjico estaba perdido, y acababa su carta diciendo: