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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIIPublic
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CAPÍTULO CLXXV.

Dejemos de contar muy por extenso otros muchos trabajos que pasábamos, y cómo las chirimías y sacabuches y dulzainas que Cortés traia, que otra vez he hecho memoria dellos, como en Castilla eran acostumbrados á regalos y no sabian de trabajos y con la hambre habian adolecido y no le daban música, excepto uno, y renegábamos todos los soldados de lo oir, y deciamos que parecian zorros ó adibes que aullaban, que más valiera tener maíz que comer que música.

Volvamos á nuestra relacion, y diré cómo algunas personas me han preguntado que cómo habiendo tanta hambre como dicho tengo, por que no comiamos la manada de los puercos que traian para Cortés, pues á la necesidad de hambre no hay ley; y viendo la hambre que habia, que Cortés los habia de mandar repartir por todos en tales tiempos.

Á esto digo que ya habia echado fama uno que venia por dispensero y mayordomo de Cortés, que se decia Guinea y era hombre doblado, y hacia en creyente que en los rios al pasar dellos los habian comido tiburones y lagartos; y porque no los viésemos venian siempre cuatro jornadas atrás rezagados; y demas desto, para tantos soldados como éramos, para un dia no habia en todos ellos, y á esta causa no se comieron; y demas desto, para no enojar á Cortés.

Dejemos esta plática, y diré que siempre por los pueblos y caminos por donde pasábamos dejábamos puestas cruces donde habia árboles para se labrar, en especial ceibas, y quedaban señaladas las cruces, y son más fijas hechas en aquellos árboles que no de maderos, porque crece la corteza y quedan más perfectas, y quedaban cartas en partes que las pudiesen leer, y decia en ellas: «Por aquí pasó Cortés en tal tiempo;» y esto se hacia porque si viniesen otras personas en nuestra busca supiesen cómo íbamos adelante.

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