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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIIPublic
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CAPÍTULO CLXXXVIII.

por la mañana le prender, porque el veedor en aquel tiempo estaba sobre el peñol de Coatlan; y como amaneció, fué el tesorero con todos los del bando de Cortés, y el Martin de Orántes con ellos, porque le conociesen y se alegrasen; y fueron á las casas del factor diciendo:

—«Viva, viva el Rey nuestro Señor, y Hernando Cortés en su Real nombre, que es vivo é viene agora á esta ciudad, é yo soy su criado Orántes.»

Y como oian aquel ruido los vecinos, y tan de mañana oian decir «Viva el Rey,» todos acudieron, como eran obligados, á tomar armas, creyendo que habia alguna otra cosa, para favorecer las cosas de su Majestad; y despues que oyeron decir que Cortés era vivo é vieron al Orántes, se holgaban; y luego se juntaron con el tesorero para ayudalle muchos vecinos de Méjico, porque, segun pareció, el contador no ponia en ello mucho calor; ántes le pesaba y andaba doblado, hasta que el Alonso de Estrada se lo reprendió, y aun sobre ello tuvieron palabras muy sentidas y feas, que no le contentaron mucho al contador; é yendo que iban á las casas del factor, ya estaba muy apercebido; que luego lo supo, que le avisó dello el mismo contador cómo le iban á prender; y mandó asestar su artillería delante de sus casas, y era capitan della D. Luis de Guzman, primo del duque de Medina-Sidonia, y tenia sus capitanes apercebidos con muchos soldados; decíanse los capitanes Artiaga y Ginés y Pedro Gonzalez; y así como llegó el tesorero y Jorge de Albarado y Andrés de Tapia é Pedro Moreno, con todos los demas conquistadores, y el contador, aunque flojamente y de mala gana, con todas sus gentes, apellidando: «Aquí del Rey, y Hernando Cortés en su Real nombre;» les comenzaron á entrar, unos por las azuteas, y otros por las puertas de los aposentos y por dos partes.

Todos los que eran de la parte del factor desmayaron, porque el capitan de la artillería, que fué D. Luis de Guzman, tiró por su parte, é los artilleros por la suya, y desmampararon los tiros; pues el capitan Artiaga

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