contaba cuentos de don Pedro Jiron é del conde de Ureña; era ardid de corazon, é á esta causa le llamábamos Agrajes sin obras, é sin hacer cosas que de contar sean murió en Méjico.
El primer contador de su majestad que eligió Cortés hasta que el Rey nuestro señor mandase otra cosa, era de buen cuerpo é rostro alegre, en la plática expresiva, muy clara é de buenas razones, é muy esforzado; seria de hasta treinta y tres años cuando acá pasó; é tenia otra cosa, que era franco con sus compañeros; mas era tan soberbio é amigo de mandar é no ser mandado, é algo envidioso; era orgulloso y bullicioso, que Cortés no le podia sufrir, é á esta causa le envió á Castilla por procurador juntamente con un Antonio de Quiñones, natural de Zamora, é con ellos envió la recámara é riquezas de Montezuma é de Guatemuz, é franceses lo robaron, é prendieron al Alonso de Ávila, porque el Quiñones ya era muerto en la Tercera, é desde á dos años volvió el Alonso de Ávila á la Nueva-España; ó en Yucatan ó en Méjico murió.
Este Alonso de Ávila fué tio de los caballeros que degollaron en Méjico, hijos de Gil Gonzalez de Benavides, lo cual tengo ya dicho y declarado en mi historia.
Andrés de Monjaraz fué capitan cuando la guerra de Méjico, y era de razonable estatura, y el rostro alegre y la barba prieta, y de buena conversacion; siempre estuvo malo de bubas, é á esta causa no hizo cosa que de contar sea, mas póngolo aquí en esta relacion para que sepan que fué capitan, y seria de hasta treinta años cuando acá pasó; murió de dolor de las bubas.
Pasemos á un muy esforzado soldado que se decia Cristóbal de Olea, natural de tierra de Medina del Campo; seria de edad de veinte y seis años cuando acá pasó; era de buen cuerpo é membrudo, ni muy alto ni bajo; tenia buen pecho é espalda, el rostro algo robusto, mas era apacible, é la barba é cabello tiraba algo como crespo, é la voz clara; este soldado fué en