la Vieja, é fué rico, ansí de sus indios como de sus tratos, todo lo dió por Dios, é se fué á los pinares de Guaxocingo, en parte muy solitaria, é hizo una ermita é se puso en ella por ermitaño, é fué de tan buena vida é se daba á ayunos y disciplinas, que se paró muy flaco é debilitado, é decian que dormia en el suelo en unas pajas; é de que lo supo el Obispo D. fray Juan de Zumarraga le mandó que no hiciese tan áspera vida, é tuvo tan buena fama el ermitaño Gaspar Diaz, que se metieron en su compañía otros ermitaños, é todos hicieron buenas vidas, é á cuatro años que allí estaban fué Dios servido llevarle á su santa gloria.
É pasó otro soldado que se decia Ribadeo, gallego, que por sobrenombre le llamábamos Beberreo, porque bebia mucho vino, murió en poder de indios en lo de Almería.
Pasó otro soldado que llamábamos el Galleguillo porque era chico de cuerpo, murió en poder de indios.
Pasó un esforzado soldado que se decia Lerma; éste fué uno de los que ayudaron á salvar la vida á Cortés, como dicho tengo en el capítulo que dello habla, y se fué entre los indios como aburrido de temor del mismo Cortés, á quien habia ayudado á salvar la vida, por ciertas cosas de enojo que Cortés contra él tuvo, que aquí no declaro por su honor; nunca más supimos dél vivo ni muerto; mala sospecha tuvimos.
Tambien pasó otro buen soldado que se decia Pinedo, criado que habia sido de Diego Velazquez, gobernador de Cuba, y cuando vino Narvaez, se iba de Méjico para el mismo capitan