—«Ya vuestra majestad estará cansado de me oir, y para un tan gran Emperador y Monarca de todo el mundo, como vuestra majestad es, no es justo que un vasallo como yo tenga tanto atrevimiento, y mi lengua no está acostumbrada á hablar con vuestra majestad, y podria ser que mi sentido no diga con aquel tan debido acato que debo todas las cosas acaecidas; aquí tengo este memorial, por donde vuestra majestad podrá ver, si fuese servido, todas las cosas muy por extenso cómo pasaron.»
Y entónces se hincó de rodillas para besarle los piés por las mercedes que fué servido hacerle en le haber oido, y el Emperador nuestro señor le mandó levantar; y el Almirante y el duque de Béjar dijeron á su majestad que era digno de grandes mercedes, y luego le hizo marqués del Valle y le mandó dar ciertos pueblos, y aun le mandaba dar el hábito de señor Santiago, y como no se lo señalaron con renta, se calló por entónces; que esto yo no lo sé bien de qué manera fué; y le hizo capitan general de la Nueva-España y mar del Sur, y Cortés se tornó á humillar para besarle sus Reales piés, y su majestad le mandó que se levantase.
Y despues de hechas estas grandes mercedes, donde ahí á pocos dias que habia llegado á Toledo adoleció Cortés, que llegó á estar tan al cabo, que creyeron que se muriera; y el duque de Béjar y el comendador mayor don Francisco de los Cóbos suplicaron á su majestad que, pues que Cortés tan grandes servicios le habia hecho, que le fuese á visitar ántes de su muerte á su posada; y su majestad fué acompañado de duques, marqueses y condes y del don Francisco de los Cóbos, y le visitó; que fué muy grande favor, y por tal se tuvo en la córte; y despues que estuvo Cortés bueno, como se tenia por tan grande privado de su majestad, y el conde de Nasao le favorecia, y el duque de Béjar y el almirante de Castilla, un domingo yendo á Misa, ya su majestad estaba en la iglesia mayor, acompañado de duques y marqueses y condes, y estaban asentados en sus