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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIIPublic
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CAPÍTULO CLXXVII.

Estando desta manera, vinieron hasta quince indios que salieron de las ciénagas, que eran principales de aquel pueblo, y pusieron las manos en el suelo y besaron la tierra, y dicen á Cortés medio llorando que le piden por merced que aquel pueblo ni cosa alguna no se la quemen, porque son nuevamente venidos allí á hacerse fuertes por causa de sus enemigos, que me parece que dijeron que se decian lacandones, porque les han quemado y destruido dos pueblos en tierra llana, adonde vivian, y les han robado y muerto mucha gente; los cuales pueblos habiamos de ver abrasados adelante por el camino adonde habiamos de ir, que están en tierra muy llana; y allí dieron cuenta cómo y de qué manera les daban guerra; y la causa porque eran sus enemigos; é Cortés les preguntó que cómo tenian tanto gallo y gallinas á cocer; y dijeron que por horas aguardaban á sus enemigos, que les habian de venir á dar guerra, é que si les vencian, les habian de tomar sus haciendas y gallos y llevalles cautivos; que porque no lo hubiesen ni gozasen se lo querian ántes comer; y que si ellos les desbarataban á los enemigos, que irian á sus pueblos y les tomarian sus haciendas; y Cortés dijo que le pesaba dello y de su guerra, y por ir de camino no lo podia remediar.

Llamábase aquel pueblo, y otras grandes poblaciones por donde otro dia pasamos, los Mazatecas, que quiere decir en su lengua los pueblos ó tierras de venados; y tuvieron razon de ponelles aquel nombre, por lo que adelante diré.

Y desde allí fueron con nosotros dos indios dellos, y nos fueron mostrando sus poblaciones quemadas, y dieron relacion á Cortés cómo estaban los españoles adelante.

Y dejallo he aquí, y diré cómo otro dia salimos de aquel pueblo, y lo que más hubo en el camino.

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