soldados, no traian maíz ni bastimento, y con los cuatro dias que estuvo en el camino pasaron muy gran hambre é trabajo, é lo peor de todo, que no sabian si adelante ternian maíz ó si estaba de paz aquella provincia; aunque algunos soldados viejos se remediaban con cortar árboles muy altos que parecen palmas, que tienen por fruta unas al parecer de nueces muy encarceladas, y aquellas asaban y quebraban y comian.
Dejemos de hablar en esta hambre, y diré cómo la misma noche que acabaron de hacer la puente llegué yo con mis tres compañeros y con ciento y treinta cargas de maíz y ochenta gallinas y miel y frisoles y sal, y otras frutas, y como llegué de noche ya que escurecia, estaban todos los más soldados aguardando el bastimento, porque ya sabian que yo habia ido á lo traer; y Cortés les decia á los capitanes y soldados que tenia esperanza en Dios que presto tendrian todos de comer, pues que yo habia ido á Acala para traello, si no me habian muerto los indios, como mataron á los otros cuatro españoles que envió á buscar comida.
É volviendo á nuestra materia: así como llegué con el maíz y bastimento á la puente, como era de noche, cargaron todos los soldados dello y lo tomaron todo, que no dejaron á Cortés ni á ningun capitan ni á Sandoval cosa ninguna, con dar voces:
—«Dejadlo, que es para el capitan Cortés.»
Y asimismo su mayordomo Carranza, que así se llamaba, y el despensero Guinea daban voces y se abrazaban con el maíz, que les dejasen siquiera una carga; y como era de noche, decíanle los soldados:
—«Buenos puercos habeis comido vosotros y Cortés, y nos habeis visto morir de hambre é no nos dábades nada dellos.»
Y no curaban de cosa que les decian, sino que todo se lo apañaban.