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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIIPublic
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CAPÍTULO CLXXXVII.

Dejemos de hablar del caballo Motilla, y volvamos á decir que Sandoval me demandó á mí mi caballo, que era muy bueno, así de juego como de carrera y de camino, y este caballo hube en seiscientos pesos, que solia ser de un Abalos, hermano de Saavedra, porque otro que truje me le mataron en una entrada de un pueblo que se dice Zulaco, que me habia costado en aquella sazon sobre seiscientos pesos; y el Sandoval me dió otro de los suyos á trueco del que le dí, que no me duró el que me dió dos meses, que tambien me lo mataron en otra guerra; y no me quedó sino un potro muy ruin que habia mercado de los mercaderes que vinieron de Trujillo, como otras veces he dicho en el capítulo que dello habla.

Volvamos á nuestra relacion, y dejemos de contar de las averías de caballos y de mi trabajo, é que ántes que Sandoval de nosotros partiese, nos habló á todos con mucho amor y dejó á Luis María por capitan, y nos fuimos luego á unos pueblos que se dicen Marayani, y desde allí á otro pueblo que en aquella sazon era de muchas casas, que se decia Acalteca, y que allí esperásemos la respuesta de Cortés; y en pocos dias llegó Sandoval á Trujillo, y se holgó mucho el Cortés de ver al Sandoval, y como vió lo que le escribiamos, no sabia qué consejo tomar, porque ya habia mandado á su primo Saavedra, que era capitan, que fuese con todos los soldados á pacificar los pueblos que estaban de guerra; y por más palabras é importunaciones que el Sandoval dijo á Cortés y Pedro de Saucedo el romo y el fray Juan de Varillas, que tambien deseaba volverse á Méjico para ver qué dejó ordenado fray Bartolomé, é si habian venido más frailes de su hábito, nunca se quiso embarcar Cortés; y lo que pasó diré adelante.

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