Pues los adoratorios, que son cues, que así los llaman entre ellos, eran tantos, que los doy á la maldicion, y me parece que eran casi que al modo como tenemos en Castilla y en cada ciudad nuestras santas iglesias y parroquias, y ermitas y humilladeros, así tenian en esta tierra de la Nueva-España sus casas de ídolos llenas de demonios y diabólicas figuras, y demas destos cues, tenian cada indio é india dos altares, el uno junto adonde dormian, y el otro á la puerta de su casa, y en ellos muchas arquillas de maderas, y otros que llaman petacas, llenos de ídolos, unos chicos y otros grandes, y piedrezuelas y pedernales, y librillos de un papel de cortezas de árbol, que llaman amatl, y en ellos hechos sus señales del tiempo y de cosas pasadas.
Y demas desto, eran los más dellos sométicos, en especial los que vivian en las costas y tierra caliente, en tanta manera, que andaban vestidos en hábito de mujeres muchachos á ganar en aquel diabólico y abominable oficio.
Pues comer carne humana, así como nosotros traemos vaca de las carnicerías; y tenian en todos los pueblos, de madera gruesa hechas á manera de casas, como jaulas, y en ellas metian á engordar muchos indios é indias y muchachos, y en estando gordos los sacrificaban y comian; y demas desto, las guerras que se daban unas provincias y pueblos á otros, y los que cautivaban y prendian los sacrificaban y comian.
Pues tener excesos carnales hijos con madres, y hermanos con hermanas, y tios con sobrinas, halláronse muchos que tenian este vicio desta torpedad.
Pues de borrachos, no lo sé decir, tantas suciedades que entre ellos pasaban; sola una quiero aquí poner, que hallamos en la provincia de Pánuco, que se embudaban por el sieso con unos cañutos, y se henchian los vientres de vino de lo que entre ellos se hacia, como cuando entre nosotros se echa una melecina; torpedad jamás oida.