abajo, y fuera de los arroyos, en el monte habia unas señales de ramas cortadas, y seguimos aquel rastro más de una legua, y luego salimos del arroyo, y dimos en unos ranchos pequeños, despoblados de aquel dia, y seguimos el mismo rastro, y desde léjos en una cuesta vimos unos maizales y una casa, y sentimos gente en ella; y como era ya puesta del sol, estuvimos en el monte hasta buen rato de la noche, que nos pareció que debian de dormir los moradores de aquellas milpas, y muy callando dimos presto en la casa y prendimos tres indios y dos mujeres mozas y hermosas para ser indias, y una vieja, y tenian dos gallinas y un poco de maíz y trujimos el maíz y gallinas con los indios é indias, y muy alegres volvimos al real; y cuando Sandoval lo supo, que fué el primero que estaba aguardando en el camino sobre tarde, de gozo no podia caber, y fuimos delante de Cortés, que lo tuvo en más que si le dieran otra buena cosa.
Entónces dijo Sandoval á Pedro de Ircio si tuvo Bernal Diaz del Castillo razon el otro dia cuando fué á buscar maíz, en decir que no queria ir sino con hombres sueltos, y no con quien vaya todo el camino muy de espacio, contando lo que le acaeció al conde de Urueña y á don Pedro Jiron, su hijo (porque estos cuantos decia el Pedro de Ircio muchas veces); no teneis razon de decir que él os revolvia con el señor capitan é conmigo; é todos se rieron dello; y esto dijo el Sandoval porque el Pedro de Ircio estaba mal conmigo; y luego Cortés me dió las gracias por ello y dijo:
—«Siempre tuve que habia de traer recaudo.»
Quiero dejar destas alabanzas, pues son vaciadizas, que no traen provecho ninguno; que otros las dijeron en Méjico cuando contaban deste trabajoso viaje.
Volvamos á decir que Cortés se informó de las guias y de las dos mujeres, y todos conformaron que por un rio abajo habiamos de ir á un pueblo