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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIIPublic
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CAPÍTULO CCX.

mejor de la Nueva-España, creyendo que siempre fuera señor absoluto y que por su mano nos diera indios ó quitara, y á esta causa se presumió que no lo hizo ni quiso escribir; y tambien, porque en aquel tiempo su majestad le dió el marquesado que tiene, y como le importunaba que le diese luego la gobernacion de la Nueva-España, como de ántes la habia tenido, y le respondió que ya le habia dado el marquesado, no curó de demandar cosa ninguna para nosotros que bien nos hiciese, sino solamente para él.

Y demas desto, habian informado el factor y veedor y otros caballeros de Méjico á su majestad que Cortés habia tomado para sí las mejores provincias y pueblos de la Nueva-España, y que habia dado á sus amigos y parientes que nuevamente habian venido de Castilla otros buenos pueblos y que no dejaba para el Real patrimonio sino poca cosa; despues supimos mandó su majestad que de lo que tenia sobrado diese á los que con él pasamos; y en aquel tiempo su majestad se embarcó en Barcelona para ir á Flandes; y si Cortés en el tiempo que ganamos la Nueva-España la hiciera cinco partes, y la mejor y de más ricas provincias y ciudades diera la quinta parte á nuestro Rey y señor de su Real quinto, bien hecho fuera, y tomara para sí una parte y media, y dejara para iglesias y monasterios y propios de ciudades, y que su majestad tuviera que dar y hacer mercedes á caballeros que le servian en las guerras de Italia ó contra turcos ó moros, y las dos partes y media nos repartiria perpétuas, con ellas nos quedáramos, así Cortés con la una parte como nosotros; porque, como nuestro César fué tan cristianísimo y no le costó el conquistar cosa ninguna, nos hiciera estas mercedes.

Y demas desto, como en aquella sazon no sabiamos qué cosa era demandar justicia, ni á quién la pedir sobre nuestros servicios, ni otros agravios y fuerzas que pasaban en las guerras, sino solamente al mismo Cortés como capitan, y que lo mandaba muy de hecho, nos quedamos en blanco con lo poco que nos habian depositado, hasta que vimos que á don Francisco de Montejo, que fué á Castilla ante su majestad, le hizo

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