Este dia estuve yo muy malo de calenturas y del gran sol que se me habia entrado en la cabeza, porque ya he dicho otra vez que entónces hacia recio sol; y bien se pareció, porque luego comenzó á llover tan recias aguas, que en tres dias y noches no dejó de llover; y no nos paramos en el camino, porque aunque quisiéramos aguardar que hiciera buen tiempo, no teniamos bastimento de maíz, y por temor no faltase íbamos caminando.
Volvamos á nuestra relacion: que desde á dos dias dimos en una sierrezuela de unas piedras que cortaban como navajas; y puesto que fueron nuestros soldados á buscar otros caminos para dejar aquella sierra de los pedernales, más de una legua á una parte é á otra no hallaron otro camino, sino pasar por el que íbamos; é hicieron tanto daño aquellas piedras á los caballos, que como llovia resbalaban y caian, y cortábanse piernas y brazos y aun en los cuerpos, y miéntras más abajábamos, peor era, porque ya era la bajada de la sierrezuela; allí se nos quedaron ocho caballos muertos, y los más que escaparon dejarretados; y se le quebró una pierna á un soldado que se decia Palacios Rubios, deudo de Cortés; y cuando nos vimos fuera de la sierra de los Pedernales, que así la llamábamos desde allí adelante, dimos muchas gracias y loores á Dios.
Pues ya que llegábamos cerca de un pueblo que se dice Taica, íbamos gozosos creyendo hallar bastimentos, y ántes de llegar á él venia un rio de una sierra entre grandes peñascos y derrumbaderos, y como habia llovido tres dias y tres noches, venia tan furioso y con tanto ruido, que bien se oia á dos leguas, por caer entre grandes peñas; y demas desto, venia muy hondo, y pasalle era por demas, y acordamos de hacer una puente desde unas peñas á otras, y tanta priesa nos dimos en tenella hecha, con árboles muy gruesos, que en tres dias comenzamos á pasar para ir al pueblo; y como estuvimos allí los tres dias haciendo la puente, los indios naturales del pueblo tuvieron lugar de esconder el maíz y todo el bastimento y ponerse en cobro, que no los podiamos hallar en todos los rededores; y con la hambre, que ya nos aquejaba, estábamos todos como atónitos, pensando en la comida é trabajos.