Estos poderes fueron causa de muchos males y revueltas que hubo en Méjico, como diré de que haya pasado cuatro capítulos é hayamos hecho un muy trabajoso camino, y hasta le haber acabado y estar en una villa que se llama Trujillo no contaré en esta relacion lo acaecido en Méjico; pero diré que el padre fray Bartolomé de Olmedo y los frailes de San Francisco murmuraban de Cortés porque habia dado estos poderes, y decian que plegue á Dios no haya Cortés arrepentimiento dello; y no decian muy mal, como luego veremos; pero poco importó que ellos lo murmurasen, que no hacia Cortés mucha monta dellos, aunque eran buenos frailes, porque no les tenia tanta voluntad como al padre fray Bartolomé de Olmedo, que era siempre su consejero.
Pero dejemos esto, y diré que cuando se despidieron el factor y el veedor de Cortés para se volver á Méjico, ¡con cuántos cumplimientos y abrazos! Y tenia el factor una manera como de sollozos, que parecia que queria llorar al despedirse, y con sus provisiones en el seno de la manera que él las quiso notar, y el secretario, que se decia Alonso Valiente, que era su amigo, las hizo.
Vuélvense para Méjico, y con ellos Hernan Lopez de Ávila, que estaba malo de dolores y tullido de bubas, y dejémosles ir su camino; que no tocaré en esta relacion en cosa ninguna de los grandes alborotos y zizañas que en Méjico hubo, hasta su tiempo y lugar, desque hubiéremos llegado con Cortés todos los caballeros por mí nombrados, con otros muchos que salimos de Guacacualco, y hasta que ya hayamos hecho esta tan trabajosa jornada, que estuvimos en punto de nos perder, segun adelante diré: y porque en una sazon acaecen dos ó tres cosas, y por no quebrar el hilo de lo uno por decir de lo otro, acordé de seguir el de nuestro trabajosísimo camino.