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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIIPublic
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CAPÍTULO CLXIX.

vara, que de presto mataron el lebrel, é si yo no fuera muy armado, allí quedara, porque me dieron siete flechas, que con el mucho algodon de las armas se detuvieron, y todavía salí herido en una pierna, y á mis compañeros á todos hirieron; y entónces yo dí voces á unos indios nuestros amigos, que venian un poco atrás de nosotros, para que viniesen de presto los ballesteros y escopeteros y peones, y que los de á caballo quedasen atrás, porque allí no podian correr ni aprovecharse dellos, y se los flecharian; y luego acudieron ansí como lo envié á decir, porque deantes cuando yo me adelanté así lo tenia concertado, que los de á caballo quedasen muy atrás y que todos los demas estuviesen muy prestos en teniendo señal ó mandado, y como vinieron los ballesteros y escopeteros, les hicimos desembarazar las albaradas, y se acogieron á unas grandes ciénagas que temblaban, y no habia hombre que en ellas entrase, que pudiese salir sino á gatas ó con grande ayuda.

En esto llegó Rangel con los de á caballo, é allí cerca estaban muchas casas que entónces despoblaron los moradores dellas, y reposamos aquel dia y se curaron los heridos.

Otro dia caminamos para ir al pueblo de Cimatan, y hay grandes cabanas llenas, y en medio de las cabanas muy malísimas ciénagas, y en una dellas nos aguardaron, y fué con ardid que entre ellos concertaron para aguardar en el campo raso de las cabanas, y propusieron que los caballos, por codicia de los alcanzar y alancear, irian corriendo tras ellos á rienda suelta y atollarian en las ciénagas, y ansí fué como lo concertaron, que por más que habiamos dicho y aconsejado á Rangel que mirase que habia muchas ciénagas y que no corriese por aquellas cabanas á rienda suelta, que atollarian los caballos, y que suelen tener aquellos indios estas astucias, y hechas saeteras y fuerzas junto á las ciénagas, no lo quiso creer; y el primero que atolló en ellas fué el mismo Rangel, y allí le mataron el caballo, y si de presto no fuera socorrido, ya se habian echado en aquellas malas ciénagas muchos indios para le apañar y llevar vivo á sacrificar, y todavía salió descalabrado en las llagas que tenia en la cabeza; y como

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