ir, y con trabajos pasamos las ciénagas; y llegados al primer pueblo de Acala, puesto que estaban alborotados y parecia estar de guerra, con palabras amorosas y con dalles unas cuetas les halagamos, y les rogamos que fuesen á Ciguatepecad á ver á Malinche y le llevasen de comer.
Pareció ser que el dia que llegamos á aquel pueblo no sabian nuevas ningunas de cómo habia venido Cortés y que traia mucha gente, así de á caballo como mejicanos, é otro dia tuvieron nueva de indios mercaderes del gran poder que traia, y los caciques mostraron más voluntad de enviar comida que cuando llegamos, y dijeron que cuando hubiese llegado á aquellos pueblos le servirian y harian lo que pudiesen en dalle de comer, y en cuanto ir adonde estaba, que no querian ir, porque eran sus enemigos.
Pues estando que estábamos en estas pláticas con los caciques, vinieron dos españoles con cartas de Cortés, en que me mandaba que con todo el bastimento que pudiese haber saliese de allí á tres dias de camino con ello, por causa que ya le habian despoblado toda la gente de aquel pueblo donde le habia dejado, y me hizo saber que venia ya camino de Acala, y que no habia traido maíz ninguno ni lo hallaba, y que pusiese mucha diligencia en los caciques no se ausentasen; y tambien los españoles que me trajeron las cartas me dijeron cómo Cortés habia enviado el rio arriba de Ciguatepecad cuatro españoles, y los tres dellos de los nuevamente venidos de Castilla, en canoas, á demandar bastimento á otros pueblos que decian que estaban allí cerca, y que no habian vuelto y que creian que los habian muerto, y así salió verdad.
Volvamos á Cortés, que comenzó de caminar, y en dos dias llegó al gran rio que ya otras veces he dicho, y luego puso mucha diligencia en hacer una puente, y fué con tanto trabajo y con maderos gruesos y grandes que, despues de hecha, se admiraron los indios de Acala del haber de tal manera puesto los maderos, y estúvose en hacer cuatro dias; y como salió Cortés del pueblo ya otras veces por mí nombrado con todos sus