los dejó, y entónces envió á buscar guias y camino, y era por demas hallarlo por tierra enjuta, porque todo el pueblo estaba cercado de rios y arroyos, y no se podian tomar ningunos indios ni indias; y demas desto, llovia á la contina, y no nos podiamos valer de tanta agua, y Cortés y todos nosotros estaban espantados y penosos de no saber ni hallar camino por donde ir, y entónces muy enojado dijo Cortés á Pedro de Ircio y á otros capitanes, que eran los de Méjico:
—«Agora querria yo que hubiese quien dijese que queria ir á buscar guias ó camino, y no dejallo todo á los vecinos de Guacacualco.»
Y Pedro de Ircio, como oyó aquellas palabras, se apercibió con seis soldados, sus conocidos y amigos, y fué por una parte, y un Francisco Marmolejo, que era persona de calidad, con otros seis soldados, por otra parte, y un Santa Cruz, burgalés, regidor que fué de Méjico, fué por otra con otros soldados, y anduvieron todos tres dias, y puesto que fueron á una parte y á otra, no hallaron camino ni guias, sino todo agua y arroyos y rios, y cuando hubieron venido sin recaudo ninguno, queria reventar Cortés de enojo, y dijo al Sandoval que me dijese á mí el gran trabajo en que estábamos, y que me rogase de su parte que fuese á buscar guias y camino; y esto lo dijo con palabras amorosas y á manera de ruegos, por causa que supo cierto que yo estaba malo, como dicho tengo, que aún tenia calenturas; y aun me habian apercibido ántes que á Sandoval, me hallase para ir con Francisco Marmolejo, que era mi amigo, y dije que no podia ir por estar malo y cansado, que siempre me daban á mí el trabajo, y que enviasen á otro.
Y luego vino Sandoval otra vez á mi rancho, y me dijo por ruegos que fuese con otros dos compañeros, los que yo escojiese, porque decia Cortés que, despues de Dios, en mí tenia confianza que traeria recaudo; y puesto que yo estaba malo, no le pude perder vergüenza, y demandé que fuese conmigo un Hernando de Aguilar y un Hinojosa, hombres que sabia que eran de sufrir trabajo; y salimos, y fuimos por unos arroyos