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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIIPublic
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CAPÍTULO CCIV.

nos mandaba dar cuando rodeamos los pueblos grandes de la laguna, y en los peñoles que agora llaman del Marqués, le dijimos que no subiésemos arriba en unas fuerzas y peñoles, sino que les tuviésemos cercados, por causa de las muchas galgas que dende lo alto de la fortaleza venian derriscando, que nos echaban, porque era imposible defendernos del golpe é ímpetu con que venian, y era aventurarnos todos á morir, porque no bastaria esfuerzo ni consejo ni cordura; y todavía porfió contra todos nosotros, y hubimos de comenzar á subir, y corrimos harto peligro, y murieron diez ó doce soldados, y todos los más salimos descalabrados y heridos, sin hacer cosa que de contar sea hasta que mudamos otro consejo.

Y demas desto, en el camino que fuimos á las Higueras ó á lo de Cristóbal de Olí cuando se alzó con la armada, yo le dije muchas veces que fuésemos por las sierras, y porfió que mejor era por la costa; y tampoco acertó, porque si fuéramos por donde yo decia, era toda la tierra poblada.

Y para que bien la entienda quien lo ha andado, es de Guacacualco, camino derecho de Chiapa, y de Chiapa á Guatimala, y de Guatimala á Naco, que es adonde en aquella sazon estaba el Cristóbal de Olí.

Dejemos esta plática, y diré que cuando luego venimos con nuestra armada á la Villa-Rica y comenzamos á hacer la fortaleza, el primero que cavó y sacó tierra en los cimientos fué Cortés, y siempre en las batallas le vi que entraba en ellas juntamente con nosotros.

Comenzaré á decir en las batallas de Tabasco, que él fué por capitan de los de á caballo y peleó muy bien.

Vamos á la Villa-Rica, ya he dicho acerca de lo de la fortaleza.

Pues en dar, como dimos, con trece navíos al través por consejo de nuestros valerosos capitanes y fuertes soldados, y no como lo dice Gómora.

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