chozas, y estuvimos en ellos diez dias, porque el Pedro de Alvarado envió dos veces á llamar de paz á los de Guatimala y á otros pueblos que estaban en aquella comarca, y hasta ver su respuesta aguardamos los dias que he dicho, y de que no quisieron venir ninguno dellos, fuimos por nuestras jornadas largas, sin parar hasta donde Pedro de Albarado habia dejado su ejército, porque estaba todo de guerra, y estaba en él por capitan un hermano que se decia Gonzalo de Albarado.
Llamábase aquella poblacion donde los hallamos Olintepeque, y estuvimos descansando ciertos dias, y luego fuimos á Soconusco, y dende allí á Teguantepeque, y entónces fallecieron en el camino dos vecinos españoles de Méjico que venian de aquella trabajosa jornada con nosotros, y un cacique mejicano que se decia Juan Velazquez, capitan que fué de Guatemuz; y por la posta fuimos á Guaxaca, porque entónces alcanzamos á saber la muerte de Luis Ponce y otras cosas por mí ya dichas, y decian muchos bienes de su persona y que venia para cumplir lo que su majestad le mandaba, y no viamos la hora de haber llegado á Méjico.
Pues como veniamos sobre ochenta soldados, y entre ellos Pedro de Albarado, y llegamos á un pueblo que se dice Chalco, dende allí enviamos á hacer saber á Cortés cómo habiamos de entrar en Méjico otro dia, que nos tuviesen aparejadas posadas, porque veniamos destrozados; que habia más de dos años y tres meses que salimos de aquella ciudad.
Y de que se supo en Méjico que llegábamos á Iztapalapa á las calzadas, salió Cortés con muchos caballeros y el Cabildo á nos recebir; y ántes de ir á parte ninguna, ansí como veniamos fuimos á la iglesia mayor á dar gracias á nuestro Señor Jesucristo, que nos volvió á aquella ciudad, y dende la iglesia Cortés nos llevó á sus palacios, adonde nos tenia aparejada una muy solene comida é muy bien servida; é ya tenia aderezada la posada de Pedro de Albarado, que entónces era su casa la fortaleza, porque en aquella sazon estaba nombrado por alcaide della y de