Dejemos á Cortés en Tlascala aderezando para se ir á Castilla, y volvamos al tesorero y factor y veedor, que, ansí como venian á Cortés hombres bandoleros que deseaban ruidos y andar en bullicios, tambien iban y decian al tesorero y al factor que ciertamente Cortés estaba llegando gente para los venir á matar, aunque echaba fama que para venir á Castilla, y á aquel efeto estaban todos los caciques mejicanos y de Tezcuco en Tlascala, y de todos los más pueblos de alrededor de la laguna en su compañía, para ver cuándo les mandaba dar guerra.
Entónces temió mucho el factor y veedor y el tesorero, creyendo que les queria matar; y para saber é inquirir si era verdad, volvieron á importunar al mismo Obispo que fuese á ver qué cosa era, y escribieron con grandes ofertas á Cortés, demandándole perdon; y el Obispo lo hubo por bueno el ir á hacer amistades, por visitar á Tlascala; y desque llegó donde Cortés estaba, despues de le salir á recebir toda aquella provincia, y ver la gran lealtad y lo que habia hecho Cortés en prender los bandoleros, y las palabras que sobre aquel caso le escribió, luego hizo mensajeros al tesorero, y dijo que Cortés era muy leal caballero y gran servidor de su majestad, y que en nuestros tiempos se podia poner en la cuenta de los muy afamados servidores de la corona Real, y que en lo que estaba entendiendo era aviarse para ir ante su majestad, y que podian estar sin sospecha de lo que pensaban; y tambien le escribió que tuvo mala consideracion en le haber desterrado, y que no lo acertó.
Entónces diz que le dijo en la carta que le escribió:
—«Oh señor tesorero Alonso de Estrada, y ¡cómo ha dañado y estragado este negocio!»
Dejemos esto de la carta; que no me acuerdo bien si volvió Cortés á Méjico para dejar recaudo á las personas á quien habia de dar los poderes