Pues ya partidos de Méjico de la manera que he dicho, saber yo decir los grandes recebimientos y fiestas que en todos los pueblos por donde pasaban se les hacia, fuera cosa maravillosa; y más se le juntaron en el camino de otros cincuenta soldados y gente estravagante, nuevamente venidos de Castilla, y Cortés les mandó ir por dos caminos hasta Guacacualco, porque para todos juntos no habria tantos bastimentos.
Pues yendo por sus jornadas el factor, Gonzalo de Sandoval y el veedor, íbanle haciendo mil servicios á Cortés, en especial el factor, que cuando con Cortés hablaba estaba la gorra quitada hasta el suelo, y con muy grandes reverencias y palabras delicadas y de grande amistad, y con retórica muy subida, le iba diciendo que se volviese á Méjico y no se pusiese en tan largo y trabajoso camino, y poniéndole por delante muchos inconvenientes; y aun algunas veces por le complacer iba cantando por el camino junto á Cortés, y decia en los cantares:
—«Ay tio, volvámonos; ay tio, volvámonos;»
Y respondia Cortés cantando:
—«Adelante, mi sobrino; adelante, mi sobrino, y no creais en agüeros; que será lo que Dios quisiere; adelante, mi sobrino,» etc.
Dejemos de hablar en el factor y de sus blandas y delicadas palabras, y diré cómo en el camino, en un pueblezuelo de un Ojeda el tuerto, cerca de otro pueblo que se dice Orizaba, se casó Juan Jaramillo con doña Marina la lengua delante de testigos.
Pasemos adelante, y diré cómo iban camino de Guacacualco, y llegan á un pueblo grande que se dice Guazpaltepeque, que era de la encomienda de Gonzalo de Sandoval, y como lo supimos en Guacacualco, que venia Cortés con tanto caballero, ansí alcalde mayor como capitanes, y todo el cabildo y regidores, fuimos treinta y tres leguas á le recebir y dalle el parabien-venido, como quien va á ganar beneficio; y esto digo aquí para