Pues en las guerras de Tlascala, en tres batallas se mostró muy esforzado capitan.
Y en la entrada de Méjico con cuatrocientos soldados, cosa es de pensar en ello, y más tener atrevimiento de prender al gran Montezuma dentro de sus palacios, teniendo tan grandes números de guerreros, y tambien digo que lo prendimos por consejo de nuestros capitanes y de todos los más soldados.
Y otra cosa, que no es de olvidar de la memoria, el quemar delante de sus palacios á capitanes del Montezuma porque fueron en la muerte de un nuestro capitan que se decia Juan de Escalante, y de otros siete soldados; de los cuales capitanes indios no me acuerdo sus nombres; poco va en ello, que no hace á nuestro caso.
Y tambien qué atrevimiento y osadía fué que con dádivas y joyas de oro, y por buenas mañas y ardides de guerra que se dió contra Pánfilo de Narvaez, capitan de Diego Velazquez, que traia sobre mil y trescientos soldados, contados en ellos hombres de mar, y traia noventa de á caballo y otros tantos ballesteros, y ochenta espingarderos, que ansí se llamaban; y nosotros con ducientos y sesenta y seis compañeros, sin caballos ni escopetas ni ballestas, sino solamente nuestras picas y espadas y puñales y rodelas, los desbaratamos, y prendimos á Narvaez.
Pasemos adelante, y quiero decir que cuando entramos otra vez en Méjico al socorro de Pedro de Albarado, y ántes que saliésemos huyendo cuando subimos al cu de Huichilóbos, vi que se mostró muy varon, puesto que no nos aprovecharon nada sus valentías ni las nuestras.
Pues en la derrota y muy nombrada guerra de Obtumba, cuando nos estaban esperando toda la flor y valientes guerreros mejicanos y todos sus sujetos para nos matar allí.
Tambien se mostró muy esforzado cuando dió un encuentro al capitan y alférez de Guatemuz, que le hizo abatir sus banderas y perder el gran brio