calzada se hicieron grandes acatos entre él é Cortés; y el licenciado Luis Ponce en todo pareció muy bien mirado, que se hizo muy de rogar sobre que Cortés le dió la mano derecha y él no la queria tomar, y estuvieron en cortesías hasta que la tomó; y como entraron en la ciudad, el licenciado iba admirado de la gran fortaleza que en ella habia y de las muchas ciudades y poblaciones que habia visto en la laguna, y decia que tenia por cierto no haber habido capitan en el universo que con tan pocos soldados hubiese ganado tantas tierras ni haber tomado tan fuerte ciudad; é yendo hablando en esto, se fueron derechos al monasterio de San Francisco, adonde les dijeron Misa; y despues de acabada la Misa, Cortés dijo al licenciado Luis Ponce que presentase las Reales provisiones y entendiese en hacer lo que su majestad le mandaba, porque él tenia que pedir justicia contra el factor y veedor; y respondió que se quedase para otro dia; y de allí le llevó Cortés, acompañado de toda la caballería que le habia salido á recebir, á aposentar en sus palacios, donde le tenian todo entapizado y una muy solene comida, y servida con tantas vajillas de oro y plata, y con tal concierto, que el mismo Luis Ponce dijo secretamente al alguacil mayor Proaño y á un Bocanegra que ciertamente que parecia que Cortés en todos los cumplimientos y en sus palabras y obras que era de muchos años atrás gran señor.
Y dejaré de hablar destas loas, pues no hacen á nuestra relacion, y diré que otro dia fueron á la iglesia mayor, y despues de dicha Misa, mandó que el cabildo de aquella ciudad estuviese presente, y los oficiales de la Real hacienda y los capitanes y conquistadores de Méjico: y cuando á todos los vió juntos, delante de dos escribanos, y el uno era de los del cabildo y el otro que Luis Ponce traia consigo, presentó sus Reales provisiones, y Cortés con mucho acato las besó y puso sobre su cabeza, é dijo que las obedecia como mandamiento é cartas de su Rey y señor, é las cumpliria pecho por tierra; y así lo hicieron todos los caballeros conquistadores y cabildo y oficiales de la Real hacienda de su majestad; y despues que esto fué hecho, tomó el licenciado las varas de la justicia al alcalde mayor y alcaldes ordinarios, y de la hermandad y alguaciles, y como las tuvo en su poder, se las volvió á dar, y dijo á Cortés: