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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIIPublic
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CAPÍTULO CXCIV.

Pasemos adelante, y dejaré de traer á la memoria desastres de capitanes que no han sabido conquistar, y digo que, como el tesorero supo que habian acuchillado á su amigo el capitan Figuero, como dicho tengo, envió luego á prender á Alonso de Herrera, é no se pudo haber, porque se fué huyendo á unas sierras, y los alguaciles que envió trujeron preso á un soldado de los que solia tener el Herrera consigo; y así como llegó á Méjico, sin más ser oido, le mandó el tesorero cortar la mano derecha.

Llamábase el soldado Cortejo, y era hijodalgo; y demas desto, en aquel tiempo un mozo de espuelas de Gonzalo de Sandoval tuvo otra quistion con otro criado del tesorero, y le acuchilló, de que hubo muy gran enojo el tesorero, y le mandó cortar la mano; y esto fué en tiempo que Cortés ni Sandoval no estaban en Méjico; que se habian ido á un gran pueblo que se dice Cornabaca, y se fueron por quitarse de bullicios y parlerías, y tambien por apaciguar ciertos encuentros que habia entre los caciques de aquel pueblo.

Pues como supieron Cortés y Gonzalo de Sandoval por cartas que el Cortejo y mozo de espuelas estaban presos y que les querian cortar las manos, de presto vinieron á Méjico; y de que hallaron lo que dicho tengo, y no habia remedio en ello, sintieron mucho aquella afrenta que el tesorero hizo á Cortés y á Sandoval, y dicen que le dijo Cortés tales palabras al tesorero en su presencia, que no las quisiera oir, y aun tuvo temor que le queria mandar matar, y con este temor allegó el tesorero soldados y amigos para tener en su guarda, y sacó de las jaulas al factor y veedor para que, como oficiales de su majestad, se favoreciesen los unos á los otros contra Cortés; y de que los hubo sacado, de ahí á ocho dias, por consejo del factor y otras personas que no estaban bien con Cortés, le dijeron al tesorero que en todo caso luego desterrase á Cortés de Méjico; porque entre tanto que estuviese en aquella ciudad jamás podria gobernar bien ni habria paz, y siempre habria bandos.

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