—«Esto que aquí escribo á vuestra merced, pasa ansí, y dejélos allá, y embarcáronme preso, y trujéronme con grillos aquí donde estoy.»
Y despues que Cortés la hubo leido, estábamos tan tristes y enojados, ansí del Cortés, que nos trujo con tantos trabajos, como del factor, y echábamosles dos mil maldiciones, ansí al uno como el otro, y se nos saltaban los corazones de coraje.
Pues Cortés no pudo tener las lágrimas, que con la misma carta se fué luego á encerrar á su aposento, y no quiso que le viésemos hasta más de medio dia, y todos, nosotros aun le dijimos é rogamos que luego se embarcase en tres navíos que allí estaban, y que nos fuésemos á la Nueva-España; y él nos respondió muy amorosa y mansamente, y nos dijo:
—«¡Oh hijos y compañeros mios!, que veo por una parte aquel mal hombre del factor, que está muy poderoso, y temo cuando sepa que estamos en el puerto, no haga otras desvergüenzas y atrevimientos aun más de lo que ha hecho, ó me mate ó ahogue ó eche preso, ansí á mí como á vuestras personas; yo me embarcaré luego con el ayuda de Dios, y ha de ser solamente con cuatro ó cinco de vuestras mercedes, y tengo de ir muy secretamente á desembarcar á puerto que no sepan en Méjico de nosotros, hasta que desconocidos entremos en la ciudad; y demas desto, Sandoval está en Naco con pocos soldados, y ha de ir por tierra de guerra, en especial por Guatimala, que no está en paz. Conviene que vos, señor Luis Marin, con todos los compañeros que aquí venistes en mi busca, os volvais y os junteis con Sandoval, y se vayan camino de Méjico.»
Dejemos esto, y quiero volver á decir que luego que Cortés escribió al capitan Francisco Hernandez, que estaba en Nicaragua, que fué el que enviaba á buscar puerto con el Pedro de Garro, y se le ofreció Cortés que haria por él todo lo que pudiese, y le envió dos acémilas cargadas de herraje, porque sabia que tenia falta dello, y tambien le envió herramientas de minas, y ropas ricas para su vestir, y cuatro tazas y jarros