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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIIPublic
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CAPÍTULO CLXX.

Tambien otros grandes señores, como fué el almirante de Castilla y el duque de Béjar y el conde de Aguilar, dijeron á los mismos caballeros que habian puesto en pláticas que era muy bravoso el blason de la culebrina, no se maravillen que Cortés ponga aquel escrito en el tiro.

Veamos ahora, ¿en nuestros tiempos ha habido capitan que tales hazañas haga, y que tantas tierras haya ganado sin gastar ni poner en ello su majestad cosa ninguna, y tantos cuentos de gentes se hayan convertido á nuestra santa fe? Y demas desto, no solamente el Cortés, sino los soldados y compañeros que tiene, que le ayudaron á ganar una tan fuerte ciudad, y de tantos vecinos y de tantas tierras, son dignos de que su majestad les haga muchas mercedes; porque, si miramos en ello, nosotros de nuestros antepasados, que hicieron heróicos hechos y sirvieron á la corona real y á los reyes que en aquel tiempo reinaron, como Cortés y sus compañeros han hecho, lo heredamos, y nuestros blasones y tierras é rentas; y con estas palabras se olvidó lo del blason; y porque no pasase de Sevilla la culebrina, tuvimos nueva que á don Francisco de los Cóbos, comendador mayor de Leon, le hizo su majestad merced della, y que la deshicieron y afinaron el oro, y lo fundieron en Sevilla, é dijeron que valió sobre veinte mil ducados.

Y en aquel tiempo, como Cortés envió aquel oro y el tiro, y las riquezas que habia enviado la primera vez, que fueron la luna de plata y el sol de oro, y otras muchas joyas de oro con Francisco de Montejo y Alonso Hernandez Puertocarrero, y lo que hubo enviado la segunda vez con Alonso de Ávila y Quiñones, que esto fué la cosa más rica que hubo en la Nueva-España, que era la recámara de Montezuma y de Guatemuz y de los grandes señores de Méjico, y lo robó Juan Florin, frances; y como esto se supo en Castilla, tuvo Cortés gran fama, ansí en Castilla como en otras muchas partes de la cristiandad, y en todas partes fué muy loado.

Dejemos esto, y digamos en qué paró el pleito de Martin Cortés con el Ribera sobre los tantos mil pesos que enviaba Cortés á su padre, y es, que

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