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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIIPublic
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CAPÍTULO CXCIII.

las atarazanas; y al capitan Luis Marin llevó Sandoval á posar á sus casas, é á mí é á otro amigo mio, que se decia el capitan Luis Sanchez, nos llevó Andrés de Tapia á las suyas y nos hizo mucha honra, y el Sandoval me envió ropas para me ataviar é oro é cacao para gastar; y ansí hizo Cortés é otros vecinos de aquella ciudad á soldados amigos conocidos de los que veniamos allí.

Y otro dia, despues de nos encomendar á Dios, salimos por la ciudad yo y mi compañero el capitan Luis Sanchez, y llevamos por intercesores al capitan Sandoval é Andrés de Tapia, y fuimos á ver y hablar al licenciado Márcos de Aguilar, que, como he dicho, estaba por gobernador por el poder que para ello le dejó el licenciado Luis Ponce; y los intercesores que fueron con nosotros, que ya he dicho que era el capitan Sandoval y Andrés de Tapia, hicieron relacion á Márcos de Aguilar de nuestras personas y servicios para suplicalle que nos diese indios en Méjico, porque los indios de Guacacualco no eran de provecho; y despues de muchas palabras y ofertas que sobre ello nos dió el Márcos de Aguilar, con prometimientos, dijo que no tenia poder para dar ni quitar indios, porque ansí lo dejó en el testamento Luis Ponce de Leon al tiempo que falleció, que todas las cosas de pleitos y vacaciones de indios de la Nueva-España se estuviesen en el estado que estaban hasta que su majestad enviara á mandar otra cosa, y que si le enviaban poder para dar indios, que nos daria de lo mejor que hubiese en la tierra; y luego nos despedimos dél.

En este tiempo vino de la isla de Cuba Diego de Ordás, y como fué el que hubo escrito las cartas que envió el factor diciendo que todos éramos muertos cuantos habiamos salido de Méjico con Cortés, Sandoval é otros caballeros con palabras muy desabridas le dijeron que por qué habia escrito lo que no sabia, no teniendo noticia dello, y que fueron aquellas cartas tan malas, que se hubiera de perder la Nueva-España por ellas.

Y el Diego de Ordás respondió con grandes juramentos que nunca tal escribió, sino solamente que tuvo nueva, de un pueblo que se dice

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