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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIIPublic
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CAPÍTULO CLXIX.

aquellos prometimientos y palabras blandas creia que quedaban contentos aquellos conquistadores.

Dejémoslo ya, y digamos que en aquella sazon, á pocos dias ántes, vinieron de Castilla los oficiales de la hacienda Real de su majestad, que fué Alonso de Estrada, tesorero, y era natural de Ciudad-Real, y vino el factor Gonzalo de Salazar, y vino Rodrigo de Albornoz por contador, que ya habia fallecido Julian de Alderete, y este Albornoz era natural de Paladinas ú de la Gama, y vino el veedor Pedro Almíndes Chirino, natural de Úbeda ó Baeza, y vinieron muchas personas con cargos.

Dejemos esto, y quiero decir que en este instante rogó un Rodrigo Rangel á Cortés (el cual Rangel muchas veces le he nombrado) que, pues no se habia hallado en toma de Méjico ni en ningunas batallas con nosotros en toda la Nueva-España, que porque hubiese alguna fama dél, que le hiciese merced de le dar una capitanía para ir á conquistar á los pueblos de los zapotecas, que estaban de guerra, y llevar en su compañía á Pedro de Ircio, para ser su consejero en lo que habia de hacer; y como Cortés conocia al Rodrigo Rangel, que no era para dalle ningun cargo, á causa que estaba siempre doliente y con grandes dolores y bubas, y muy flaco y las zancas y piernas muy delgadas, y todo lleno de llagas, cuerpo y cabeza abierta, denegaba aquella entrada, diciendo que los indios zapotecas eran gente mala de domar por las grandes y altas sierras adonde están poblados, y que no podian llevar caballos; y que siempre hay neblinas y rocíos, y que los caminos eran angostos y resbalosos, y que no pueden andar por ellos sino á manera de decir los piés junto á las cabezas de los que vienen atrás: entiéndanlo de la manera que aquí lo digo, que así es verdad; porque los que van arriba, con los que vienen detrás vienen cabezas con piés; y que no era cosa de ir á aquellos pueblos, y que ya que fuese, que habia de llevar soldados bien sueltos y robustos, y experimentados en las guerras; y como el Rangel era muy porfiado y de su tierra de Cortés, húbole de conceder lo que pedia; y segun despues supimos, Cortés lo hubo por bueno embialle do se muriese, porque era

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