Dejemos esto, pues no hace á nuestra relacion, y no me lo tengan por prolijidad en contar cosas viejas; y diré que vinieron tantos indios á talar los montes de la villa que Cortés les mandó en dos dias se vió claramente muy bien la mar, é hicieron quince casas, y una para Cortés muy buena; y esto hecho, se informó Cortés qué pueblos y tierras estaban rebeldes y no querian venir de paz; y unos caciques de un pueblo que se dice Papayeca, que era cabecera de otros pueblos, que en aquella sazon era grande pueblo, que agora está con muy poca gente ó casi ninguna, le dió á Cortés una memoria de muchos pueblos que no querian venir de paz, que estaban en grandes sierras y tenian fuerzas hechas; y luego Cortés envió al capitan Saavedra con los soldados que le pareció que convenian ir con él, y con los ocho de Guacacualco fué por su camino hasta que llegó á las poblaciones que solian estar de guerra, y salieron de paz los más dellos; excepto tres pueblos, que no se quisieron venir; y tan temido era Cortés de los naturales y tan nombrado, que hasta los pueblos de Olancho, donde fueron las minas ricas que despues se descubrieron, era temido y acatado, y llamábanle en todas aquellas provincias el capitan Hue, Hue de Marina, que quiere decir el capitan viejo que trae á doña Marina.
Dejemos á Saavedra, que está con su gente sobre los pueblos que no se querian dar, que me parece que se decian los acaltecas, y volvamos á Cortés, que estaba en Trujillo, é ya le habian adolescido los frailes franciscos y un su primo que se decia Abalos, y el licenciado Pedro Lopez, y Carranza el mayordomo, y Guinea el despensero y un Juan Flamenco, y otros muchos soldados, ansí de los que traia como de los que halló en Trujillo, y aun el Anton de Carmona, que trujo el navío con el bastimento; y acordó de los enviar á la isla de Cuba, á la Habana, ó á Santo Domingo si viesen que el tiempo hacia bueno en la mar, y para ello les dió el un navío bien aderezado y calafateado, con el mejor matalotaje