primera vez en lo de Suchimileco, cuando se vió Cortés en gran aprieto, que le derribaron los indios mejicanos del caballo, que se decia el Romo, y este Olea llegó de los primeros á socorrerle, é hizo tales cosas por su persona, que tuvo lugar Cortés de cabalgar en el caballo, y luego le socorrimos ciertos soldados que en aquel tiempo llegamos, y el Olea quedó mal herido; y la postrera vez que le socorrió este Olea, cuando en Méjico en la calzadilla le desbarataron los mejicanos y le mataron sesenta y dos soldados, y á Cortés le tenia ya engarrafado un escuadron de mejicanos para le llevar á sacrificar, y le habian dado una cuchillada en una pierna, y el buen Olea con su ánimo tan esforzado peleó tan bravosamente que se le quitó, y allí perdió la vida este esforzado varon; que ahora que lo estoy escribiendo se me enternece el corazon, é me parece que ahora le veo y se me representa su presencia y grande ánimo como muchas veces nos ayudaba á pelear; y de aquella derrota escribió Cortés á su majestad que no fueron sino veinte y ocho los que murieron, y como he dicho, fueron sesenta y dos.
Y para que bien se entienda esto que escribo del Olea, y no digan algunas personas que salgo de la órden de lo que pasó, sepan que el uno es Cristóbal de Olea, natural de Castilla la Vieja, y este que he dicho; y otro fué Cristóbal de Olí, que fué maese de campo, natural que fué de Úbeda ó de Linares, porque estos dos capitanes casi que tienen un nombre.
Volvamos á nuestro cuento: que tambien pasó