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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIIPublic
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CAPÍTULO CXCV.

Y pareció ser que Gonzalo de Sandoval iba muy doliente, y á grandes alegrías hubo tristezas, que fué Dios servido dende ahí á pocos dias de le llevar desta vida en la villa de Pálos, y en la posada que estaba era de un cordonero de hacer jarcias y cables y maromas, y ántes que muriese le hurtó el huésped trece barras de oro; lo cual vió el Sandoval por sus ojos que se las sacaron de una caja, porque aguardó el cordonero que no estuviese allí persona ninguna en compañía del Sandoval; é tuvo tales astucias, que envió á sus criados del Sandoval que fuesen por la posta á la Rávida á llamar á Cortés; y el Sandoval, puesto que lo vió, no osó dar voces, porque, como estaba muy debilitado y flaco y malo, temió que el cordonero, que le pareció mal hombre, no le echase el colchon ó almohada sobre la boca y le ahogase; y luego se fué el huésped á Portugal, huyendo con las barras de oro y no se pudo cobrar cosa ninguna.

Volvamos á Cortés, que cuando supo que estaba muy malo el Sandoval vino luego por la posta adonde estaba, y el Sandoval le dijo la maldad que su huésped le habia hecho, y cómo le hurtó las barras de oro y se fué huyendo; en lo cual, puesto que pusieron gran diligencia para que se cobrasen, como se pasó en Portugal, se quedó con ello; y el Sandoval cada dia iba empeorando de su mal, y los médicos que le curaban le dijeron que luego se confesase y recibiese los Santos Sacramentos é hiciese testamento, y él lo hizo con grande devocion, y mandó muchas mandas ansí á pobres como á monasterios, y nombró por su albacea á Cortés y heredera á una hermana ó hermanas; é la una hermana, el tiempo andando, se casó con un hijo bastardo del conde de Medellin; y como hubo ordenado su alma y hecho testamento, dió el ánima á nuestro Señor Dios, que la crió, y por su muerte se hizo gran sentimiento, y con toda la pompa que pudieron le enterraron en el monasterio de nuestra Señora de la Rávida; y Cortés, con todos los caballeros que iban en su compañía, se pusieron luto; perdónele Dios, amen.

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