He traido aquí esto á la memoria para que vean en cuánto trabajo se ponen los capitanes en tierras nuevas; que á Cortés, que era muy temido, no le dejaron maíz que comer, y que el capitan Sandoval no quiso fiar de otro la parte que le habia de caber, que él mismo fué conmigo por ello, teniendo muchos soldados que pudiera enviar.
Dejemos de contar del gran trabajo del hacer de la puente y de la hambre pasada, y diré cómo obra de una legua adelante dimos en las ciénagas muy malas, y eran de tal manera, que no aprovechaba poner maderos ni ramos ni hacer otra manera de remedios para poder pasar los caballos, que atollaban todo el cuerpo sumido en las grandes ciénagas, que creimos no escapar ninguno dellos, sino que todos quedarian allí muertos; y todavía porfiamos de ir adelante, porque estaba obra de medio tiro de ballesta tierra firme y buen camino, y como iban los caballos con tanto trabajo y se hizo un callejon por la ciénaga de lodo y agua, que pasaron sin tanto riesgo de se quedar muertos, puesto que iban á veces medio á nado entre aquella ciénaga y el agua; pues ya llegados en tierra firme, dimos gracias á Dios por ello, y luego Cortés me mandó que con brevedad volviese á Acala y que pusiese gran recaudo en los caciques que estuviesen de paz, y que luego enviase al camino bastimento; y así lo hice, que el mismo dia que llegué á Acala de noche envié tres españoles que iban conmigo con más de cien indios cargados de maíz é otras cosas; y cuando Cortés me envió por ello, dije que mirase que él en persona lo aguardase, no lo tomasen como la otra vez; y así lo hizo, que se adelantó con Sandoval y Luis Marin, y lo hubieron todo y lo repartieron; y otro dia, á obra de mediodia llegaron á Acala, y los caciques le fueron á dar el bienvenido y le llevaron bastimento; y dejallo he aquí, y diré lo que más pasó.