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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIIPublic
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CAPÍTULO CCIV.

César, que con los soldados que estaban en el campo, de tomar á Argel; y tambien dijo á vueltas destas palabras muchos loores de sus capitanes y compañeros que nos hallamos con él en la conquista de Méjico, diciendo que fuimos para sufrir hambres y trabajos, y que do quiera que les llamase hacia con ellos heróicos hechos, y que heridos y entrapajados no dejaban de pelear y tomar cualquier ciudad y fortaleza, aunque sobre ello aventurasen á perder las vidas; y como muchos caballeros le oyeron aquellas palabras, dijeron á su majestad que fuera bien haberle llamado á consejo de guerra, y que se tuvo á descuido no haberle llamado; otros caballeros dijeron que si no fué llamado fué porque sentian en el marqués que seria de contrario parecer, y aquel tiempo de tanta tormenta no daba lugar á muchos consejeros, salvo que su majestad y los más caballeros de la Real armada se pusiesen en salvo, porque estaban en muy gran peligro, y que el tiempo andando, con el ayuda de Dios volverian á poner cerco á Argel; y ansí, se fueron por Bujía.

Dejemos esta materia, y diré cómo volvieron á Castilla de aquella trabajosa jornada. Y como el marqués estaba muy cansado, ansí de estar en Castilla en la córte y haber venido por Bujía, é ya era viejo, quebrantado del camino ya por mí dicho, deseaba en gran manera volver á la Nueva-España si le dieran licencia; y como habia enviado á Méjico por su hija la mayor, que se decia doña María Cortés, que tenia concertado de la casar con D. Álvaro Perez Osorio, hijo del marqués de Astorga y heredero del marquesado, y le habia prometido sobre cien mil ducados de oro en casamiento, y otras muchas cosas de vestidos y joyas, y vino á recibirla á Sevilla; y este casamiento se desconcertó, segun dijeron muchos caballeros, por culpa de D. Álvaro Perez Osorio; de que el marqués recibió tanto enojo, que de calenturas y cámaras que tuvo recias estuvo al cabo; y andando con su dolencia, que siempre empeoraba, acordó salir de Sevilla por quitarse de muchas personas que le importunaban en negocios, y se fué á Castilleja de la Cuesta para allí entender en su alma y ordenar su testamento; y cuando lo hubo ordenado como convenia, y haber recebido los santos Sacramentos, fué

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