poner concordia entre ellos se vino á una ciudad, ya otras veces por mí nombrada, que se dice Tezcuco; y como estaba junto á la laguna, se embarcó en dos canoas grandes, y con dos clérigos y un fraile y su fardaje se vino á la ciudad de Méjico, y ántes de entrar en ella supieron su venida en Méjico, y le salieron á recebir con toda la pompa y cruces y clerecía y religiosos y Cabildos, é conquistadores é caballeros y soldados que en Méjico se hallaron; y cuando el Obispo hubo descansado dos dias, el tesorero le echó por intercesor para que fuese adonde Cortés estaba en aquella sazon y los hiciese amigos, é le alzaba el destierro, y que se volviese á Méjico; y fué el Obispo y trató las amistades, y nunca pudo acabar cosa ninguna con Cortés; ántes, como dicho tengo, se fué á Tezcuco ó á Tlascala muy acompañado de caballeros é otras personas y en lo que entendia Cortés era en allegar todo el oro y plata que podia para ir á Castilla; y demas de lo que le daban de los tributos de sus pueblos, empeñaba otras rentas é indios que le prestaban amigos; y ansimismo se aparejaban el capitan Gonzalo de Sandoval y Andrés de Tapia, y llegaron y recogian todo el oro y plata que podian de
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CAPÍTULO CXCIV.
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