mejicanos ayudando lo que podian; y estuvimos en hacella tres dias, que no teniamos qué comer sino yerbas y unas raices de unas que llaman en esta tierra quecuexque, montesinas, las cuales nos abrasaron las lenguas y bocas.
Pues ya pasado aquel esteron, no hallábamos camino ninguno, y hubimos de abrirle con las espadas á manos, y anduvimos dos dias por el camino que abrimos, creyendo que iba derecho al pueblo; y una mañana tomamos el mismo camino que abrimos y desque Cortés lo vió, queria reventar de enojo, y como oyó él murmurar del mal que decian dél y aun de su viaje, con la gran hambre que habia, y que no miraba más de su apetito, sin pensar bien lo que hacia, y que era mejor que nos volviésemos para Méjico que no morir todos de hambre.
Pues otra cosa habia, que eran los montes muy altos en demasía y espesos, y á mala vez podiamos ver el cielo, pues ya que quisieron subir en algunos árboles para atalayar la tierra, no vian cosa ninguna, segun eran muy cerradas todas las montañas; y las guias que traiamos las dos huyeron, y la otra que quedaba estaba malo, que no sabia dar razon de camino ni de otra cosa; y como Cortés en todo era diligente, y por falta de solicitud no se descuidaba, traiamos una aguja de marear, y á un piloto que se decia Pedro Lopez, y con el dibujo del paño que traiamos de Guacacualco, donde venian señalados los pueblos, mandó Cortés que fuésemos con el aguja por los montes, y con las espadas abriamos caminos hácia el leste, que era la señal del paño donde estaba el pueblo; y aun dijo Cortés que si otro dia estábamos sin dar en pueblo, que no sabia qué hiciésemos; y muchos de nuestros soldados, y aun todos los más, deseábamos volvernos á la Nueva-España; y todavía seguiamos nuestra derrota por los montes, y quiso Dios que vimos unos árboles antiguamente cortados, y luego una vereda chica, é yo y el Pedro Lopez, que íbamos delante abriendo camino con otros soldados, volvimos á decir á Cortés que se alegrase, que habia estancias; con lo cual todo nuestro ejército tomó mucho contento; y ántes de llegar á las estancias