bien artillados, y con buenos pilotos y marineros, los que habian menester.
Pues para hacer tan pujante armada, y estando tan apartados del puerto de la Veracruz, que son más de ducientas leguas hasta donde se labraron los navíos, que en aquella sazon de la Veracruz se trajo el hierro para la clavazon y anclas y pipas, y otras muchas cosas pertenecientes para aquella flota, gastó en ella más millares de pesos de oro que en Castilla se pudieran gastar aunque se labraran en Sevilla ochenta navíos; y fueron tantos los gastos que hizo, que no le bastó la riqueza que trajo del Pirú, ni el oro que le sacaban de las minas en la provincia de Guatimala, ni los tributos de sus pueblos, ni lo que le presentaron sus deudos y amigos y lo que tomó fiado de mercaderes; é ya que en aquella ocasion se quisiera ayudar de traer anclas é hierro y otras muchas cosas pertenecientes para los navíos, desde el Puerto de Caballos no venian navíos ni mercaderes, ni se trataba aquel puerto en aquella sazon como ahora.
Volvamos á nuestra relacion: que aún no es nada los pesos de oro que gastó en los navíos para lo que dió á capitanes y alférez y maeses de campo y á seiscientos y cincuenta soldados, y los muchos caballos que entónces compró, que valian los buenos á trecientos pesos, y los comunes á ciento y cincuenta y á ducientos; pues arcabuces y pólvora y ballestas y todo género de armas fueron tan excesivos gastos, los cuales se podrán colegir; y fueron tan altos los pensamientos que tuvo de hacer gran servicio á su majestad, y descubrille por el Poniente la China ó Malucos y Especería, y aun de conquistar algunas islas della, y á lo ménos dar traza que por la parte de su gobernacion hubiese el trato della, pues que aventuraba toda su hacienda y persona.
Pues ya puesto á punto sus naos para navegar, y en cada una sus estandartes Reales, y señalados pilotos y capitanes, y dadas las instrucciones de lo que habian de hacer y derrotas que habian de llevar, y las señas de los faroles para de noche, y á todos los soldados, como dicho