algunas veces iba Cortés al Real Consejo de Indias, salia un oidor hasta la puerta donde hacian el acuerdo del Real Consejo, y le llevaba con mucho acato á los estrados donde estaba el presidente don Fray García de Loaysa, Cardenal de Sigüenza, y despues fué Arzobispo de Sevilla; y oidores el licenciado Gutierre Velazquez y el Obispo de Lugo y el doctor don Juan Bernal Diaz de Luco y el doctor Beltran; y un poco junto de las sillas de aquellos señores caballeros le ponian á Cortés otra silla é le oian; y desde entónces nunca más volvió á la Nueva-España, porque entónces le tomaron residencia, y su majestad no le quiso dar licencia para que se volviese á la Nueva-España, puesto que echó por intercesores al almirante de Castilla y al duque de Béjar y al comendador mayor de Leon; y aun tambien echó por intercesora á la señora doña María de Mendoza, y nunca le quiso dar licencia su majestad; ántes mandó que le detuviesen hasta acabar de dar la residencia, y nunca la quisieron concluir; y la respuesta que le daban en el Real Consejo de Indias era, que hasta que su majestad viniese de Flandes de hacer el castigo de Gante, que no podian dalle licencia.
Y tambien en aquella sazon al Nuño de Guzman le mandaron desterrar de su tierra y que siempre anduviese en la córte, y le sentenciaron en cierta cantidad de pesos de oro; mas no le quitaron los indios de su encomienda de Xalisco; y tambien andaba él y sus criados cargados de luto; y como en la córte nos veian, así al marqués Cortés como al Pizarro y al Nuño de Guzman y todos los demas que veniamos de la Nueva-España á negocios, y otras personas del Perú con lutos, tenian por chiste de llamarnos los indianos peruleros enlutados.
Volvamos á nuestra relacion: que tambien en aquel tiempo á Hernando Pizarro le mandaron echar preso en la Mota de Medina, y entónces me vine yo á la Nueva-España, y supe que habia pocos meses que se habian alzado en las provincias de Xalisco unos peñoles que se llaman Cochitlan, y que el virey don Antonio de Mendoza los envió á pacificar á ciertos capitanes, y á uno que se decia Cristóbal de Oñate, y los indios alzados