debe; y no aprovechó cosa ninguna lo que el licenciado Altamirano allí en los estrados les suplicó, porque para otro dia tuvo el factor otros más feos escritos; y fué la cosa, segun despues alcanzamos á saber, que el Nuño de Guzman y el Delgadillo le daban lugar á ello en tal manera, que el licenciado Altamirano y el factor, y del presidente é oidores, sobre los escritos vinieron á palabras muy feas é sentidas que entre ellos dijeron, y el Altamirano echó mano á un puñal para el factor, y le iba á dar si no se abrazara con él Nuño de Guzman y Matienzo y Delgadillo, y luego toda la ciudad revuelta, y llevaron preso á las atarazanas al licenciado Altamirano, y al factor á la posada; y los conquistadores fuimos al presidente á suplicar por el Altamirano, y dende allí á tres dias le sacaron de la prision y los hicimos amigos.
Y pasemos adelante, que hubo luego otra tormenta mayor, y fué, que en aquella sazon habia aportado allí á Méjico un deudo del capitan Pánfilo de Narvaez, el cual se decia Zavallos, que le enviaba dende Cuba su mujer del Pánfilo de Narvaez, la cual se decia María de Valenzuela, en busca de su marido Narvaez, que habia ido por gobernador al rio de Palmas, porque ya tenia fama que era perdido ó muerto; y trujo su poder para haber sus bienes do quiera que los hallase, y tambien creyendo que habia aportado á la Nueva-España; y como llegó á Méjico este Zavallos, secretamente, segun el Zavallos dijo y ansí fué fama, el Nuño de Guzman y el Matienzo y Delgadillo le hablaron para que ponga demanda y dé queja de todos los conquistadores que fuimos juntamente con Cortés en desbaratar á Narvaez, y se le quebró el ojo y se quemó su hacienda, y tambien demandó la muerte de los que allí murieron; y el Zavallos, dada su queja como se lo mandaron, y grandes informaciones dello, prendieron á todos los conquistadores que en aquella ciudad nos hallamos, que en las probanzas vieron que fueron en ello, que pasaron de más de ducientos y cincuenta, y á mí tambien me prendieron, y nos sentenciaron en ciertos pesos de oro de tipuzque, y nos desterraron de cinco leguas de Méjico, y luego nos alzaron el destierro, y aun á muchos de nosotros no nos demandaron el dinero de la sentencia, porque era poca cosa.