que de contar sea, se apartaron de su compañía amotinados más de la mitad de los soldados que llevaba con él un navío; y dicen que ellos mismos, por concierto que entre el capitan y los amotinados se hizo, fué dalles el navío en que iban para volver á la Nueva-España; mas nunca tal es de creer, que el capitan les diera licencia, sino que ellos se la tomaron; é ya que daban vuelta los amotinados, les hizo el tiempo contrario y les echó en tierra, y fueron á tomar agua, y con mucho trabajo vinieron á Xalisco, y dieron nuevas dello, y desde allí voló la nueva á Méjico, de lo cual le pesó mucho á Cortés; y el Diego Hurtado corrió siempre la costa, y nunca se oyó decir más dél ni del navío, ni jamás pareció.
Quiero dejar de decir desta armada, pues se perdió; y diré cómo Cortés luego despachó otros dos navíos que estaban ya hechos en el puerto de Guantepeque, los cuales basteció muy cumplidamente, así de pan como de carne, y todo lo necesario que en aquel tiempo se pudo haber, y con mucha artillería y buenos marineros, y setenta soldados y cierto rescate, y por capitan dellos á un hidalgo que se decia Diego Becerra de Mendoza, de los Becerras de Badajoz ó Mérida; y fué en el otro navío por capitan un Hernando de Grijalva, y este Grijalva iba debajo de la mano deste Becerra; y fué por piloto mayor un vizcaino que se decia Ortuño Jimenez, gran cosmógrafo; y Cortés mandó á Becerra que fuese por la mar en busca del Diego Hurtado, y si no le hallase, se metiese en mar alta, y buscasen islas y tierras nuevas, porque habia fama de ricas islas de perlas; y el piloto Ortuño Jimenez cuando estaba platicando con otros pilotos en las cosas de la mar, ántes que partiese para aquella jornada, decia y prometia de les llevar á tierras bien afortunadas de riquezas, que así las llamaban, y decian tantas cosas, cómo serian todos ricos, que algunas personas lo creian; y despues que salieron del puerto de Guantepeque, la primera noche se levantó un viento contrario, que apartó los dos navíos el uno del otro, que nunca más se vieron; y bien se pudieran tornar á juntar, porque luego hizo buen tiempo, salvo que el Hernando de Grijalva, por no ir debajo de la mano de Becerra, se hizo luego á la mar y se apartó con su navío, porque el Becerra era muy soberbio y mal