grandes invenciones de juegos y danzas, fueron á recebir á Cortés más de dos leguas; con lo cual se holgó; y cuando llegó á Tezcuco le hicieron otro gran recibimiento, y durmió allí aquella noche; y otro dia de mañana fué camino de Méjico, y escribióle el tesorero y el cabildo, y todos los caballeros y conquistadores amigos de Cortés, que se detuviese en unos pueblos dos leguas de Tenustitlan, Méjico; que bien pudiera entrar aquel dia, y que lo dejase para otro dia por la mañana, porque gozasen todos del gran recebimiento que le hicieron, y salió el tesorero con todos los conquistadores y caballeros y cabildo de aquella ciudad, y todos los oficiales en ordenanza, y llevaron los más ricos vestidos y calzas y jubones que pudieron con todo género de instrumentos; y los caciques mejicanos por su parte con muchas maneras de invenciones de divisas y libreas que pudieron haber; y la laguna llena de canoas, é indios guerreros en ellas, segun y de la manera que solian pelear con nosotros, en el tiempo de Guatemuz, los que salieron por las calzadas.
Fueron tantos los juegos y regocijos, que se quedarán por decir, pues en todo el dia por las calles de Méjico todo era bailes y danzas, y despues que anocheció muchas lumbres á las puertas.
Pues aun lo mejor quedaba por decir, que los frailes franciscos, otro dia despues que Cortés hubo llegado, hicieron procesiones, dando muchos loores á Dios por las mercedes que les habia hecho en haber venido Cortés.
Pues volviendo á su entrada en Méjico, se fué luego al monasterio de señor San Francisco, adonde hizo decir Misas, y daba loores á Dios, que le sacó de los trabajos pasados de Honduras y le trujo á aquella ciudad; y luego se pasó á sus casas, que estaban muy bien labradas, con ricos palacios, y allí era servido y temido y tenido de todos como un príncipe; y los indios de todas las provincias le venian á ver, y le traian presentes de oro, y aun los caciques del peñol de Coatlan, que se habian alzado, le vinieron á dar la bienvenida y le trujeron presentes; y fué su entrada de