Y como Cortés lo alcanzó á saber, hizo informaciones sobre ello, no solamente de los dos que lo descubrieron, sino de otros caciques que eran en ello, y lo que confesaron era que, como nos vian ir por el camino descuidados y descontentos, y que muchos soldados habian adolecido, y que siempre nos faltaba la comida, y que ya se habian muerto de hambre cuatro chirimías y el volteador y otros cinco soldados, y tambien se habian vuelto otros tres soldados camino de Méjico, y se iban á su aventura por los caminos por donde habian venido, y que más querian morir que ir adelante; que seria bien que cuando pasásemos algun rio ó ciénaga dar en nosotros, porque eran los mejicanos sobre tres mil y traian sus armas y lanzas, y algunos con espadas.
El Guatemuz confesó que así era como lo habian dicho los demas; empero que no salió dél aquel concierto, y que no sabe si todos fueron en ello ó se efectuaria, y que nunca tuvo pensamiento de salir con ello, sino solamente la plática que sobre ello hubo; y el cacique de Tacuba dijo que entre él y Guatemuz habian dicho que valía más morir de una vez que morir cada dia en el camino, viendo la gran hambre que pasaban sus macechuelas y parientes.
Y sin haber más probanzas, Cortés mandó ahorcar al Guatemuz y al señor de Tacuba, que era su primo, y ántes que los ahorcasen, los frailes franciscos y el mercenario fueron esforzándolos y encomendando á Dios con la lengua doña Marina; y cuando le ahorcaron dijo el Guatemuz:
—«¡Oh capitan Malinche! Dias habia que yo tenia entendido é habia conocido tus falsas palabras, que esta muerte me habias de dar, pues yo no me la dí cuando te entregaste en mi ciudad de Méjico: ¿por qué me matas sin justicia? Dios te lo demande.»
El señor de Tacuba dijo que daba por bien empleada su muerte por morir junto con su señor Guatemuz.
Y ántes que los ahorcasen los fué confesando fray Juan el mercenario, que sabia, como dicho he, algo de la lengua, y los caciques les rogaban les